Daniela CruzAntropóloga · Investigación social

Serie · El tejo: una etnografía en cuatro entregas · 1/4

Metodología

¿Quién va a querer leer una tesis sobre la cerveza?

Cómo una pregunta en broma de un profesor, un trabajo de campo fallido en Semana Santa y las canchas donde jugaban mis tíos terminaron convertidos en una investigación sobre lo que Colombia esconde en sus gestos más cotidianos.

Daniela Cruz

Daniela Cruz

28 de agosto de 2026 · 9 min

¿Quién va a querer leer una tesis sobre la cerveza?
Portada provisional · pendiente de reemplazar por una fotografía de campo.

Origen de este artículo

Este artículo nace de la investigación: Sociabilidad, identidad y consumo: una mirada etnográfica al tejo en el campo santandereano

Hay cosas que simplemente hacemos sin preguntarnos mucho por qué: tirar un tejo, brindar sin motivo, pedir "la de siempre", reírnos a carcajadas de algo que probablemente no era tan gracioso. Hay gestos, costumbres y rutinas que se repiten tanto que se nos vuelven paisaje.

Pero detrás de cada una hay una historia, una forma de estar en el mundo.

Yo no lo sabía —o más bien, no quería fijarme en ello— hasta que me detuve a observar lo cotidiano con otros ojos, con ganas de descubrir cuánto significado se esconde en lo que muchas veces percibimos como simple. Esta serie cuenta esa historia: la de una investigación de dos años en las canchas de tejo de Vélez, Santander. Y como toda etnografía honesta, empieza por confesar cómo llegué ahí.

Una pregunta que parecía un chiste

Al inicio de mi carrera, cuando me advertían que eventualmente tendría que hacer una tesis, imaginaba que las mejores investigaciones eran las llenas de palabras compuestas, conceptos complejos y títulos tan eruditos como incomprensibles. Creía que entre más difícil fuera de leer, más valiosa sería.

Hasta que el profesor Ricardo del Molino me preguntó: "¿Y por qué no haces tu tesis sobre la cerveza, si es algo que disfrutas? Investigar sobre algo cercano puede llevarte a un buen resultado."

Me reí. "¿Quién va a querer leer una tesis sobre la cerveza?", pensé. "¿A quién le interesa en un espacio académico, más allá de tomársela en un día soleado o en un asado?"

Pero la idea se quedó resonando. Poco después me topé con artículos sobre la historia de la cerveza en Colombia y, para mi sorpresa, me parecieron fascinantes. Dejé atrás mi investigación sobre la religión yoruba, convencí a mi tutora Carolina de acompañarme en el nuevo rumbo, y me embarqué en un proyecto que iba a transformarse muchas veces antes de llegar a su versión final.

Con el tiempo entendí algo que hoy es la base de todo lo que hago: la antropología no vive solamente en las grandes teorías y los textos enredados. Vive en lo que hacemos todos los días.

El plan perfecto que se cayó en Semana Santa

Cuando empecé a buscar el lugar donde el consumo de cerveza tuviera una dimensión social más marcada, las poblaciones rurales llamaron mi atención. Boyacá aparecía en varios artículos como un territorio de alto consumo, y allí una de las tradiciones más arraigadas es el tejo: una práctica transmitida por generaciones y vinculada, invariablemente, a la cerveza.

Ese vínculo no es casual. El tejo no es solo un juego: es un espacio de encuentro donde las relaciones sociales se refuerzan, se negocian jerarquías y se construyen formas de identidad colectiva. Turmequé —el municipio boyacense cuya plaza central está adornada con la estatua de un muisca sosteniendo un tejo— es reconocido como la cuna de la práctica. El plan era obvio: viajar a Turmequé en Semana Santa y quedarme unos días para empezar mi relato etnográfico.

No contemplé lo arraigadas que son las creencias religiosas en la región. Durante esos días la gente se alejaba del tejo y de la cerveza, y me encontré con un escenario completamente distinto al que había anticipado. Canchas quietas, sin mecha, sin juego.

Podría contarles esto como una anécdota menor, pero es una de las lecciones metodológicas más importantes que me dejó la tesis: el campo no se acomoda al cronograma del investigador. Una etnografía no falla cuando la realidad contradice el plan; falla cuando el investigador insiste en el plan a pesar de la realidad.

La respuesta estaba en mi propia mesa

Con poco tiempo para agendar una nueva visita, tuve que replantear todo. Y la respuesta, curiosamente, estuvo siempre cerca de mí.

Mi familia está conformada por campesinos, muchos de los cuales han jugado tejo desde niños. Recuerdo que, cuando era pequeña, mis tías se quedaban en la finca preparando el almuerzo mientras murmuraban su molestia porque mis tíos estaban en las veredas cercanas, jugando tejo y tomando cerveza. Ahí, en mi propia historia familiar, estaba el espacio de estudio que tanto buscaba.

Decidí trasladar la investigación a Vélez, Santander, un municipio que forma parte de mi genealogía: la mitad de mi árbol familiar viene de allí, de familias campesinas que en algún momento emigraron a la ciudad pero mantuvieron sus prácticas y formas de vida.

Vélez es un municipio cálido en todos los sentidos. Su atravesada iglesia en medio del parque, sus calles estrechas, sus casas de colores con tejas de barro. Las montañas lo rodean como un enorme brazo y el tiempo parece correr más lento. Allí las canchas de tejo no están escondidas, pero tampoco son protagonistas: espacios de tierra y arcilla con estructuras a medio caer, sillas rimax y un estallido de mecha que marca el ritmo de la tarde.

En Vélez el tejo no se anuncia ni se celebra. Se juega porque siempre se ha jugado. No hay uniformes, ni reglas escritas, ni trofeos brillantes. Pero sí hay memoria, costumbre y un saber corporal que se hereda sin palabras. En esa cotidianidad, lejos del espectáculo, empezaron a revelarse las claves de esta investigación.

Las preguntas que ordenaron todo

Involucrarme directamente con la población campesina me permitió ver que el tejo y la cerveza no son solo prácticas recreativas: son escenarios donde se tejen relaciones de poder, identidad y resistencia. Ese giro me obligó a replantear mis preguntas iniciales, y las que quedaron estructuraron toda la investigación:

¿Cómo se configura el tejo como una práctica de sociabilidad en los territorios campesinos? ¿De qué manera el consumo de cerveza no solo refuerza, sino que transforma las dinámicas de interacción en estos espacios? ¿Y por qué, a pesar de ser declarado deporte nacional, el tejo sigue asociado a lo rural y lo popular, y cómo esa relación ha influido en su marginalización?

Estas preguntas no surgieron desde una postura teórica lejana. Surgieron de observar directamente las prácticas y discursos de quienes juegan, observan y habitan las canchas.

De ahí salió el objetivo de la tesis: analizar el papel del tejo y la cerveza en la configuración de la sociabilidad y la identidad campesina en Vélez. Y una convicción que atraviesa todo mi trabajo: ciertas prácticas culturales campesinas han sido históricamente deslegitimadas en nombre de la modernización y el progreso. El tejo es deporte nacional por ley, y aun así sigue siendo percibido como una actividad "popular", ligada al campo, subvalorada frente a otras expresiones recreativas. Esa contradicción no es un detalle: es el corazón del asunto.

Lo que viene en esta serie

Esta investigación terminó siendo tres capítulos, y cada uno será una entrega de esta serie:

La segunda entrega recorre la historia: cómo pasamos de la chicha y el guarapo a la cerveza, qué papel jugaron el Estado y la industria en ese cambio, y por qué el tejo quedó atrapado entre la tradición y la marginalidad.

La tercera entra a la cancha: el olor a mecha, el amargor de la cerveza fría, la regla de "el que pierde paga" y todo lo que se negocia socialmente en una tarde de juego.

La cuarta cierra con la pregunta de fondo: por qué el tejo no se deja morir, qué son las marranadas, y qué nos enseñan estas prácticas sobre identidad, memoria y resistencia campesina.

Lo que en un inicio era una búsqueda difusa terminó convertido en una investigación sobre la sociabilidad, la identidad y la resistencia de las comunidades rurales en Santander. Y en una forma de mirar que ya no puedo apagar: la certeza de que lo que percibimos como simple casi nunca lo es.


Referencias de esta entrega

Turner, V. (1982). From Ritual to Theatre: The Human Seriousness of Play. · Huizinga, J. (1950). Homo Ludens. · Molano, A. (2019), sobre las formas de vida campesina y los procesos de marginación y resistencia en los territorios rurales colombianos.

Este artículo es una adaptación de la introducción de mi tesis de pregrado en Antropología (Universidad Externado de Colombia, 2025), dirigida por la Dra. Sandra Carolina Portela. Puedes leer el documento completo en la sección de Investigación.

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Daniela Cruz

Sobre la autora

Daniela Cruz

Antropóloga social. Investiga comunidades, cultura y comportamiento humano, y traduce hallazgos etnográficos en ideas claras y utilizables.

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